domingo, 24 de abril de 2011

CONTEXTO HISTÓRICO-FILOSÓFICO DE NIETZSCHE



Friedrich Nietzsche (1844-1900), vive en la segunda mitadl del siglo XIX. Ésta es la centuria de la Revolución industrial y del triunfo definitivo de las revoluciones burguesas. Esta época estará marcada por el Capitalismo, el estado burgués y, especialmente en Italia y Alemania, el nacionalismo unificador.
El Capitalismo y el proceso de industrialización suponen el surgimiento de una nueva clase social, el proletariado, y nuevos movimientos políticos relacionados con él, como el marxismo, el anarquismo de Bakunin y diversos socialismos, que conforman la Internacional.
Por último, surgirán dos nuevas potencias europeas, Alemania, al unir Bismarck los diferentes territorios en torno a Prusia, e Italia, al conseguir Cavour su unificación, lo que supone la creación de un nuevo escenario político, en el que Alemania, con intereses expansionistas, intentará arrebatar el dominio mundial a Francia y Gran Bretaña lo que conducirá a una lucha de imperios que culminará, ya en el siglo XX, en la I Guerra Mundial.
El siglo XIX comienza con el Romanticismo y su exaltación de la libertad y la subjetividad frente a las reglas clásicas y el racionalismo filosófico.
La Ciencia alcanza cotas insospechadas de progreso y pasará a ser considerada en el ideal positivista como la panacea de todos los males. Igualmente, la Teoría de la Evolución supondrá una revolución cultural que incluso influirá en el debate político y social, tan vigente en esta época.
La filosofía de esta época comienza con el Idealismo de Hegel quien a través de su idea de Dialéctica tendrá una enorme influencia en el pensamiento filosófico de Marx. Igualmente, y coetáneo a Hegel, aparece la figura de Schopenhauer quien a través de su Irracionalismo y su idea de Voluntad influirá grandemente en la obra de Nietzsche. Surgirá también el pensamiento de Kierkegaard, en Dinamarca, que será a su vez el precursor del Existencialismo del siglo XX. Por otra parte, la filosofía positivista de Comte, en Francia, basada en el auge de las Ciencias y el método científico, tendrá un enorme auge en el pensamiento filosófico y transformará la teoría social creando una nueva ciencia, la sociología.
Así, la filosofía del siglo XIX pretenderá tratar e influir en el mundo real y provocará una crisis de valores, a la que no es ajeno Nietzsche, que conducirá a nuevas formas de pensamiento.
Las obras más destacadas de este pensador serán El Origen de la Tragedia, Más allá del Bien y del Mal, la Genealogía de la Moral, Sobre Verdad y Mentira en sentido extramoral y Así hablo Zaratustra.

El fragmento que comentamos pertenece a ….

lunes, 11 de abril de 2011

EXPLICACIÓN DEL TEXTO "SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL" Y CUESTIONES


EXPLICACIÓN DEL TEXTO Párrafo 1: Tradicionalmente, el hombre ha venido siendo considerado como animal racional. Lo que al hombre le hace hombre es su entendimiento, su raciocinio, su capacidad de conocimiento intelectual. Esto es lo que le ha hecho creerse un ser superior y con un destino diferente, sobrenatural. Sin embargo, Nietzsche considera que esa capacidad tiene una importancia insignificante; que no es causa para sentirse por ello superior a nada. Al contrario, el conocimiento se presenta estéril, caduco, sombrío, arbitrario, lastimoso. No supone ningún avance, ninguna ventaja, ningún privilegio. El hombre peca de lo mismo que podría pecar una mosca: creerse el centro del mundo. Y el que más peca es el filósofo, el más soberbio de todos los hombres, el que más importancia concede al hecho del conocimiento, el que, paradójicamente, más errado se halla. Párrafo 2: el intelecto, recurso de los seres más infelices, delicados y efímeros, nos conduce al engaño de pensar que tiene una gran importancia, que es lo más importante, lo que concede sentido a la existencia humana. Es a lo que se aferran pensando que de ello depende su supervivencia; pero se trata de una supervivencia efímera y miserable. Párrafo 3: el intelecto le permite al hombre fingir que ha accedido a la verdad, hace ver que ha encontrado la verdad, cuando evidentemente no es así. Pero ello le permite la supervivencia. Una supervivencia propia de un ser débil, inerme, que, como el camaleón, sólo le sirve para camuflarse con la verdad, hacer ver que ha accedido a ella cuando, por el contrario, de lo único que se trata es de engaño, adulación, mentira, fraude, imitación., vivir del brillo ajeno, enmascaramiento, convencionalismo, encubrimiento, escenificación. No se trata, en absoluto, de una búsqueda desinteresada de la verdad. Por el contrario, se trata de contentarse con lo que, por definición, no puede ser verdad, con ilusiones y ensueños, con puras apariencias reducidas a meras “formas”. En el fondo, lo que sustenta es presunta búsqueda desinteresada de la verdad es la crueldad, codicia, la insaciabilidad, el instinto asesino. El intelecto le oculta esa realidad hasta el punto que de hacerle creer, de llevarle al engaño extremo, que busca la verdad por sí misma. Párrafo 4: es a través del lenguaje como el engaño queda institucionalizado. A través del lenguaje se hace aparecer lo irreal como real al determinar una designación uniformemente válida y obligatoria. Ahora bien, ¿cuál es el origen del lenguaje, de este engaño lingüístico? Párrafo 5: Según Nietzsche, el hombre ha olvidado el origen del lenguaje. Las palabras en su origen, tenían un sentido metafórico, se referían a las realidades metafóricamente con una pretensión evocadora. No es ni posible ni lo que se deseaba, en el uso del lenguaje, acceder, ofrecer una representación fiel y exacta de aquello a lo que se refiere. Lo más que se busca es expresar la relación entablada con respecto a lo referido y ello a través de un instrumento, la palabra, que en nada se aproxima a lo que se refiere. Adquiere por ello, un valor metafórico, que no persigue sacara a la luz esencia alguna. Esto se ha olvidado y el uso cotidiano de las palabras se realiza en la creencia de que a través de las palabras, llegamos a la cosa en sí: en ello consiste el engaño del intelecto. Párrafo 6: Los conceptos, la otra cara de las palabras, en los que éstas se fundamentan, se forman a base de omitir las peculiaridades individuales, dando pie a una representación formal de algo que, realmente, no tiene existencia, pues en su naturaleza sólo existe lo individual. Ello nos propicia una clasificación de la realidad arbitraria y traicionera. Párrafo 7: la verdad ha quedado reducida a estas palabras y a estos conceptos que ignoran por completo su génesis, un movimiento de la metáfora evocadora al concepto representativo. Párrafo 8: para Nietzsche, el olvido del origen metafórico de las palabras, el asumir la creencia de que éstas se fundamentan en conceptos representativos, acabará conllevando que aquél concepto que se muestre como un representante fiel, será un concepto verdadero y deseado, frente a aquél otro que no patentice tal representación y, por tanto, resulta falso, equívoco, ambiguo e, incluso, mentiroso. Ello adquirirá pronto una connotación moral, que conllevará que la verdad sea moralmente deseada, mientras que, en la misma medida, es repudiada la mentira. Cuanto más puro sea el ejercicio racional mayor capacidad de representativa encerrará el concepto; en consecuencia, cuanto más se aleje el hombre de la razón, más se entenderá que se habrá alejado del caos y de lo irreal. El hombre, en tanto que hombre, apuesta por la razón y da la espalda a la intuición y a la metáfora. Se erige así todo un edificio conceptual jerarquizado, rígido, estable, regular. El mundo se humaniza y queda establecido a la medida de los hombres. Párrafo 9: el hombre se oculta, en tanto que ha olvidado su radical esencia como sujeto creador. Ello le permite aferrarse a un mundo de imágienes representativas y le concede paz y estabilidad. Sin embargo, Nietasche defenderá que, de manera radical, entre el hombre, sujeto, y las realidad, cosas, objetos, no hay una relación cognoscitiva, sino estética. Párrafo 10: el planteamiento kantiano del conocimiento se fundamenta en última instancia, en el origen metafórico de los conceptos.



PREGUNTAS SOBRE EL TEXTO


¿Por qué dirá Nietzsche que el filósofo es el más soberbio de los hombres?


¿Por qué dirá Nietzsche que el efecto más general del conocimiento es el engaño?


¿Cómo define Nietzsche aquí el intelecto y por qué?


¿Por qué el hombre aceptará una verdad que no es verdad, que es un engaño?


¿Qué problema conlleva el uso del lenguaje y qué consecuencias filosóficas tiene?


¿Cómo se originan los conceptos y cuál será su problema? ¿En qué deriva la verdad?


Explica de dónde procede, según Nietzsche, el impuso hacia la verdad


¿Por qué considera Nietzsche que el hombre es un “sujeto artísticamente creador”?

COMPARACIÓN MARX-NIETZSCHE


Estos dos autores, junto a Freud, son considerados como los filósofos de la sospecha. A pesar de las grandes diferencias que las separan, las filosofías de Marx y Nietzsche se muestran críticos con la noción de sujeto, que había sido el punto de partida sobre el cual-partiendo del modelo del cogito cartesiano-se había elaborado la filosofía moderna. Más allá de la noción básica de sujeto, proponen que elementos condicionantes, de carácter social, ideológico y moral, en el caso de Marx, y una moralidad recibida y engendrada a partir de un resentimiento contra la vida, según Nietzsche, son los auténticos factores que han determinado el devenir de la historia. Marx tiene un punto de vista materialista, influido por la dialéctica de Hegel: todo es materia. Su concepción de la historia es llamada “materialismo histórico”: los cambios políticos y sociales se producen a partir de los cambios que se dan en la base material de la sociedad, en los modos de producción. Para Marx la historia es la historia de una contínua lucha de clases. En este aspecto Nietzsche está influido por Schopenhauer, ve el mundo como una voluntad de poder, como un equilibrio entre las fuerzas activas y reactivas. Nietzsche es un vitalista, y además cree que el arte es la clave para entender el mundo.Respecto a la Teoría del Conocimiento, Marx está influido por el positivismo (hasta el punto de llamar a lo que él hace “socialismo científico”) y por la dialéctica de Hegel en la que ve un motor de cambio y de transformación de la sociedad. Nietzsche critica al lenguaje y a las metáforas que se transforman en conceptos. Critica a la ciencia (mecanicismo y positivismo) porque solo establece relaciones cuantitativas, elimina las diferencias cualitativas y no penetra en lo que las cosas son. Cree que la mentira puede ser superior a la verdad si favorece a la vida, dice que los sentidos nos muestran la realidad y la razón nos engaña.Marx cree que la esencia del ser humano es el trabajo y sus relaciones con la naturaleza y con otros seres. Para Nietzsche el ser humano es un puente entre el animal y el superhombre. Lo principal, para Nietzsche, son los instintos, el cuerpo, lo irracional, lo dionisíaco.Marx cree que el mundo actual se rige por una moral burguesa, fruto de la estructura económica actual. Para él todos los productos culturales de una sociedad capitalista, solo son manifestaciones de una ideología unitaria capitalista. Para Marx las ideologías son las que hacen posible la alienación. Nietzsche cree que hay dos morales: de señores y de esclavos. Cree que los señores deben mandar y los esclavos obedecer. Dentro de la moral de esclavos distingue entre dos: marxismo y cristianismo. Critica estas morales, y a la cristiana la critica por sus valores decadentes y su transvaloración.Marx ve la política como la lucha de clases: burgueses y proletariado. Cree que llegará la revolución del socialismo científico, y todo acabará con la victoria final del comunismo. Nietzsche cree que la masa debe obedecer al gran hombre, al genio. En este punto son totalmente contrarios ambos autores.Ambos son ateos. Nietzsche habla de la muerte de Dios: él cree que Dios no hace falta en la sociedad actual, no sirve de nada al hombre. Nietzsche cree que la ausencia de valores al morir Dios, lleva al nihilismo, que puede ser pasivo o activo.Respecto a la filosofía de la historia, Marx cree en el materialismo histórico y la explicación de la historia a partir de la economía. Nietzsche cree que la historia es una decadencia desde los griegos. Para él, el tiempo es circular y establece el “eterno retorno”.

LA TRANSMUTACIÓN DE LOS VALORES: EL SUPERHOMBRE

Nietzsche, tras haber llevado a cabo su crítica a la metafísica y a los valores morales occidentales, se adentra en lo que podría ser considerada como su aportación positiva a la filosofía. Estas críticas se consuman con la propuesta del superhombre y la transmutación de los valores. La muerte de Dios significa reconocer la falsedad de los valores que afirmaban la virtud, la justicia o el amor al prójimo. La cultura occidental ha ido sustituyendo progresivamente a Dios por otras instancias como la razón o la ciencia. No obstante, Nietzsche cree que el hombre debe dar un paso más y aprovechar la muerte de Dios para rematar esos valores que intentaban anclarse ahora en un planteamiento inmanente de la historia, según el cual el ser humano tiende hacia una sociedad ilustrada y asentada en la razón y en los valores que de ella emanan como puntos de referencia. Estos valores, a fin de cuentas, serán los mismos que se alimentaban de creencias trascendentes, y son contemplados por Nietzsche como una nueva forma en la que el hombre renuncia a su voluntad de poder, si se quiere, aún más peligrosa y sibilina, pues puede pasar más desapercibida. Según ello, seguirán siendo los débiles los que marquen el destino del espíritu humano y se hubiese perdido la gran oportunidad de una regeneración. Ante esto, hay que aprovechar que hombre ha certificado la defunción de Dios, para superar de manera definitiva ese nihilismo pasivo al que se encontraba abocado, negar todos y cada uno de los valores imperantes, incluida la razón como valor absoluto, y propiciar la generación de una nueva forma de valorar, que se centre en un “sí” a la vida, en una reafirmación de la voluntad de poder. La vida es un devenir constante, con una lucha incesante entre fuerzas antagónicas, donde nada permanece, todo es puro acontecer y sólo resulta interpretable desde la voluntad de poder, la voluntad de superación constante, de vivir más, no desde el raciocinio, que aniquila es espíritu trágico con el que debe afrontarse. Donde hay vida hay voluntad de poder, de querer, de desear la vida tal cual es. Se trata de la transmutación de los valores, que, según Nietzsche, está al alcance sólo del “Superhombre” (Übermensch). En su obra “Así habló Zaratustra” (1883), Nietzsche expuso de manera metafórica la génesis que conducirá al espíritu humano a la altura del Superhombre. 1. La fase en la que el espíritu se torna en “camello”, animal de carga que simbolizará la obediencia y la mansedumbre. El camello es un animal con mucha fuerza, pero toda esa fuerza la utiliza únicamente para servir a su amo, mucho más débil que él, ante el cual debe arrodillarse para ser cargado. Con esta metáfora, Nietzsche quiere exponer el grado de humillación y de renuncia a la voluntad de poder, el grado de profundidad que alcanza el nihilismo a la sociedad occidental, al asumir, de buen grado, una vida sacrificada hasta el extremo. 2. La fase en la que el espíritu se torna en “león”, animal fuerte, fiero, depredador, que sólo atiende a sus propios instintos. El león simboliza la fase negativa, aquella en la que el hombre se lanza a la destrucción de los valores establecidos, siguiendo su propio criterio individual, sin atender a convenciones o tradicionalismos. Se trata del momento en el que el “tu debes” kantiano es sustituido por el “yo quiero”. Pero el león no es todavía creador de valor alguno; se precisa para poner en franquicia la última transformación del espíritu 3. El león se convierte en niño. Es aquí cuando el espíritu humano consigue comprender el auténtico sentido que puede poseer la vida. La vida es un juego y como tal debe ser disfrutada. Por eso ve Nietzsche en el espíritu que alumbra al niño el que reúne todas las “virtudes” necesarias para disfrutar sanamente de la vida: sin remordimientos ni rencores, con total inocencia, sin pretensiones instrumentales, con una risa sincera, con un afán exclusivamente lúdico, que persigue tan sólo el disfrute del ser como fin en sí mismo. Éste será el momento de la creación de los nuevos valores que saludarán la vida en todo su esplendor, tal y como Nietzsche la entiende, en su plena dimensión trágica. El momento en el que se culmina la transmutación y se abren nuevos horizontes para el hombre, un hombre que habrá dejado atrás las miserias del hombre occidental, encorsetado por los prejuicios metafísicos y morales que la tradición le había transmitido. Será el momento que Nietzsche reserva al superhombre (Übermensch) para que dé comienzo a una nueva era.

LA GENEALOGÍA DE LA MORAL: MORAL DE ESCLAVOS Y MORAL DE SEÑORES


En 1886 Nietzsche publica “Más allá del Bien y del Mal” y en 1987 “Genealogía de la moral”. En estas obras utilizará un método genealógico a través del cual llevará a cabo un análisis de cómo surgieron los conceptos morales y cómo se impusieron como valores aceptados por todos a partir de la fuerza del grupo social que los propone. Pretende demostrar que, tras los valores morales, se encuentra la voluntad de poder, que es la que en definitiva, los erige. Tras cada valor moral se oculta una voluntad de dominio y posesión. Y esto funciona de manera particular en los valores morales forjados por el cristianismo, que los concibe como un decadente producto del resentimiento. Según el análisis de Nietzsche, el término “bueno” era, originalmente, aplicado al noble, al aristócrata, al poderoso, al fuerte, al que resultaba victorioso en los combates, en definitiva, al héroe, que todos aclamaban. Por el contrario, el término “malo” se aplicaba al débil, al cobarde, al hombre vulgar, a aquél que ni destacaba ni tenía aspiración alguna a destacar, el hombre gregario, sumiso y conformista, que se sometía, en tanto que reconocía de forma natural, al poderío del fuerte. Ahora bien, la metafísica platónica, institucionalizó como verdadero aquello que para Nietzsche es lo más lejano a la verdad, la gran mentira, a saber, el ser parmenídeo, ese ser fijo, estable, inmutable y eterno, que por definición, no es susceptible de sufrir cambio alguno. De forma simultánea, en el ámbito de la moral se produjo una inversión análoga, que acabará por considerar bueno todo lo que en su origen era malo y malo todo lo que en su día fue bueno. Nos encontramos así ante dos formas opuestas de valorar. La originaria de la moral de los señores y la decadente moral de los esclavos. La primera se trata de una moral activa, genuina, creadora de valores. Una moral que defiende un tipo de vida autónomo, confiado, autosuficiente, que encuentra la felicidad en sí mismo y desprecia la opinión de los demás. Sólo el fuerte es capaz de estar a la altura de estos valores morales, de asumir la auténtica realidad de la vida tal y como es en sí misma, sin sentir la necesidad de refugiarse en un mundo idílico e inexistente, para poder soportar el dolor que conlleva semejante actitud vital. La segunda, la moral de los esclavos, será pasiva, decadente, incapaz de generar valor alguno, pues acepta sumisamente los que ante sí se encuentra. Se trata de la forma de valorar propia del débil, del cobarde, del esclavo, que transido de resentimiento, al no poder situarse a la altura del fuerte, proclama la inversión de los valores, con el fin de dar salida a su propia voluntad de poder. Es una moral gregaria, utilitarista, que se opone a la vida, contra natura, asentada filosóficamente en esa tradición metafísica que inauguró Platón, cuyo mundo de las ideas servirá de fuente de inspiración a los cristianos. “La vida acaba donde comienza el reino de Dios”, dirá Nietzsche. Pues bien, la historia de la cultura occidental, como hemos dicho, es para Nietzsche la paulatina inversión de los valores llevada a cabo por el judaísmo y el cristianismo. Así, el débil, el enfermo, el pobre, en cobarde se va convirtiendo en el hombre bueno, en el hombre amado por Dios. De lo que se trata, realmente, es de una auténtica rebelión de los débiles, que no pudiendo asumir los valores morales aristocráticos, establecen una ley moral que prescinde de las diferencias entre los individuos y prohíbe a todos gozar de la libre expansión de la voluntad de poder. Es un canto a la renuncia, al ascetismo, que fomenta el odio contra todo aquello que predique el disfrute de la auténtica vida, de la superioridad. Serán los pastores, los sacerdotes, los más débiles entre los débiles, los que más odio y mayor resentimiento han engendrado, los que, paradójicamente, se alzarán como líderes, los que conseguirán, de esta enrevesada manera, imponer su ley y alimentar así su voluntad de poder. Todo ello conducirá a la sociedad occidental a la mediocridad, al hastío, al aburrimiento a un aniquilamiento de la voluntad de poder; a la más absoluta de las mansedumbres, a dejarse conducir, guiar, mandar y a asumir de buen grado su condición de animal de rebaño. En definitiva, al nihilismo. Los ideales democráticos, el socialismo, el ideal de progreso ilustrado, al margen de Dios, no serán más que diferentes formas en las que este nihilismo, que invade el espíritu de la sociedad occidental, se manifiesta.

NIHILISMO Y VOLUNTAD DE PODER: LA MUERTE DE DIOS


El término “nihilismo”, que en la obra de Nietzsche posee una gran relevancia, proviene de la palabra latina “nihil” y significa “nada”. En un sentido general, podría entenderse como una “voluntad de la nada”, como el resultado de un hastío, un hartazgo, que conduce a un estado de aburrimiento, en el que impera la inacción y la ausencia del deseo. Se caracteriza por una incapacidad para querer, para valorar afirmativamente y por una renuncia a la esencial voluntad de poder. Ésta es, según Nietsche, el estado al que la cultura occidental habría llegado en el siglo XIX. Caracterizada por el triunfo de la metafísica platónica y los valores morales plebeyos, con fundamento judeocristiano, marcada por la paulatina implantación de la democracia liberal, cuando no del socialismo, y liderada por el espíritu científico, el hombre occidental de esta época ha llegado a un estado de total renuncia a la vida, a la voluntad de poder, recreándose en una falsa e idílica realidad que le conducirá a la mediocridad y al conformismo. Estas serán, a juicio del filósofo alemán, las características principales que distinguirán a esa pretendida sociedad ilustrada a la que aspiraba Kant y que se distingue por su confianza plena en el poder de la razón humana, al margen de toda intervención divina. Por esta razón, Nietzsche constata que el hombre occidental en estado de ilustración prescinde de Dios. Ya no es posible una metafísica científica y se arraiga la creencia de que los valores trascendentes son un estorbo para el progreso. Nietzsche certifica así la muerte de Dios, “Dios ha muerto”, dirá. Como consecuencia inmediata, se da paso a un nuevo tipo de nihilismo, un nihilismo activo, negador, que deroga todos aquellos valores que sirven de fundamento a nuestra vida y se pierde todo punto de referencia. Hemos eliminado el mundo de lo sobrenatural, hemos quebrado los valores o ideales que estaban vinculados con aquél. Con la muerte de Dios se pone en franquicia la desaparición del hombre occidental, cansado, caduco y envejecido y se propicia la aparición de un nuevo hombre, de un nuevo nihilista, que se sacrificará en la destrucción de los valores tradicionales y pondrá en franquicia la aparición de un nuevo espíritu creador. La muerte de Dios, superación del monoteísmo cristiano y de la metafísica dogmática, es para Nietzsche, el más grande de los hechos. Es el auténtico acontecimiento que divide la historia de la humanidad, no el nacimiento de Cristo. Cualquiera que nazca después de esta muerte pertenecerá a una historia más alta que ninguna de las que hayan transcurrido. Zaratustra comienza por anunciar este acontecimiento -la muerte de Dios- y luego, sobre las cenizas de Dios, levantará la noción de superhombre, del hombre nuevo, entregado a la voluntad de poder y dominado por el ideal dionisiaco que ama la vida y que, volviendo la espalda a las quimeras del cielo, volverá a la saludabilidad de la tierra. El hombre se descubre como aquel que valora, aquel que da sentido, que afirma la vida. Ésta adquiere el sentido que nosotros le concedamos y en ello residirá la grandeza del hombre nuevo, del superhombre (Übermensch)

LOS APOLÍNEO Y LO DIONISIACO Y EL PROBLEMA DE SÓCRATES


En su obra de 1872 “El nacimiento de la tragedia” Friedrich Nietzsche intenta revolucionar la visión racionalista que se tenía del mundo griego en su época. Nietzsche afirma que no es la filosofía ni la política la cúspide de la cultura griega, sino que es la tragedia el fruto más maduro del mundo heleno. En la tragedia confluyen dos fuerzas que habían servido de inspiración a toda la producción griega: lo apolíneo y lo dionisíaco. Apolo, como dios del sueño, de la luz y del arte, representa perfectamente lo apolíneo. Esta fuerza que ha guiado a buena parte del arte griego antiguo, intenta plasmar la belleza serena del mundo y mantener al individuo al margen del flujo caótico del universo y de la existencia. Lo apolíneo es un principio sosegador y aquietador, y en las obras bajo el influjo de lo apolíneo nos sumergimos en la tranquila serenidad de la apariencia bella. En otras palabras, Apolo representa el principio de racionalización gracias al cual nos sustraemos del flujo salvaje de nuestras vidas, es el descanso luminoso de nuestras almas. Nietzsche lo asocia al sueño -que no a la pesadilla- en donde la realidad vaporosa y vagamente se nos presenta como cumplimiento de nuestros deseos. Frente a este impulso onírico y aquietador de la apolíneo, el filósofo alemán considera lo dionisiaco como una explosión de vitalidad salvaje, en la que desaparecen incluso los límites de la individualidad. Dionisos, dios del vino y del éxtasis, celebra la danza orgiástica de las bacantes, en las que el sujeto, arrebatado por el baile y la música, pierde la noción del yo y se funde en la vorágine vital que es la esencia del mundo (este concepto está estrechamente relacionado con la idea schopenahaueriana de “voluntad”). Lo apolíneo y dionisíaco son, pues, modos diferentes de entender la experiencia vital, en pugna, pero complementarios. La tragedia de Esquilo y Sófocles, no la de Eurípides, aunaron correctamente estos dos impulsos sin anular la fuerza de ninguno de ellos. Fue con Sócrates con quien llegó la degeneración del ideal heleno. Con él murió la tragedia y el espíritu de la Grecia clásica. El poeta Eurípides fue el ejecutor del ideario socrático y Platón su más eficaz difusor. Sócrates pretende convertir en inteligible todo lo real, intelectualiza la pregunta sobre la virtud, sobre el sentido de la vida y, en definitiva, la pregunta sobre la vida misma. El socratismo estético, tan bien representado por Platón, afirma que “solo lo que puede ser entendido es bello”, disocia lo instintivo del arte y busca un arte útil, didáctico, es decir, con moraleja. Sócrates es para Nietzsche el mensajero de la decadencia y lo opone a lo dionisíaco, pues mientras que Dionisos afirma la vida en su radical belleza y en su radical crueldad, Sócrates solo cree en la vida inteligible negando todo lo demás, negando, para Nietzsche, la vida misma. Mientras que lo apolíneo pugnaba con lo dionisíaco, Nietsche lo admitía, ya que asumía que la belleza aquietadora era una creación efímera, aparente, un divino juego de nuestra imaginación. Sin embargo, el socratismo pervierte el espíritu de Apolo en el momento en el que cree que la hermosa ilusión apolínea de orden y estabilidad es lo único real, negándole al flujo vital su realidad y aborreciendo a Dionisos y, por lo tanto, a lo esencial de la vida misma